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¿Qué es el grupo Daabon?

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Manuel Julián Dávila es la cabeza de uno de los grupos empresariales más exitosos en agricultura orgánica en el país. Sin embargo, a pesar de su tamaño, que lo ubicaría entre las 100 empresas más grandes del país, es poco lo que se conoce de él. Varios escándalos lo han puesto en el ojo del huracán. En una conversación franca y abierta habló con Semana Sostenible.

Semana Sostenible: ¿Qué es el grupo Daabon?

Manuel Julián Dávila: Un grupo familiar de Santa Marta que se dedica a la agricultura orgánica desde hace 20 años, el 65 por ciento de su actividad es la palma africana,  y hace 100 años comenzó con banano. Nuestro concepto es from the floor to the market (desde el suelo al mercado): sembramos, producimos, transformamos, exportamos, distribuimos y llegamos al consumidor final.

S.S.: ¿Cómo fue el comienzo hace un siglo?

M.J.D.: Mi abuelo Alberto Pío Dávila comenzó en 1914 la agricultura del banano, con exportaciones a Estados Unidos y Europa. Lo que lo distinguió de otros bananeros es que nunca estuvo con las multinacionales. Por eso tenemos nuestros propios caminos de comercialización. Hicimos todo más difícil, más lento, pero solos. En los 70 mi papá empezó con 150 hectáreas de palma y se transformaron en 12.000 en 12 años. Hoy son de agricultura orgánica certificada. Mi padre siempre fue enemigo de los químicos en los cultivos porque pensaba que las multinacionales químicas se quedaban con muchas de las ganancias de los agricultores. Eso pasó con la quiebra de los algodoneros en el César en los 70.

S.S.: ¿Por qué empezaron a hacer agricultura orgánica?

M.J.D.: Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los submarinos alemanes bloquearon el Atlántico, no podían llegar los bananos frescos a Europa y entonces los gringos montaron en Panamá unos hornos y secaban la fruta para poder llevarla porque el banano deshidratado se preserva. En Santa Marta teníamos banano y gas natural para secarlo, nos faltaban los hornos. Entonces monté el negocio y en 1989 me fui con un portafolio en la mano a una feria conocida como Anura, la más grande del mundo en alimentación. Con mis bananos secos en la mano, sin un stand, me acercaba a los clientes y les decía: “Oiga señor yo tengo este bananito , ¿le interesa?” Obviamente, no vendí nada, todos me preguntaban: ¿Y eso qué es? Pero me di cuenta de que el consumidor quería algo natural, sin químicos, y empecé a entender el tema orgánico.

Se unen dos cosas muy interesantes: dos agricultores que no creían mucho en los químicos y una visión de una oportunidad de un mercado de producto que los consumidores estaban dispuestos a comprar como un premium sin químicos.

S.S.: ¿Es posible hacer agricultura sin usar agroquímicos?

M.J.D.: Sí. Tenemos todo montado sobre un sistema de sostenibilidad porque la agricultura orgánica es preventiva, no curativa. Utilizamos el concepto nature under observation o naturaleza bajo observación. Significa que en los cultivos orgánicos hay que saber todo el tiempo lo que pasa. Tenemos una producción de insectos y de hongos propios del ecosistema con los que lo regulamos y lo controlamos. Usamos unas trampas especiales que capturan lo que pasa en el cultivo. Se hace mediante la producción de insectos. Yo no tengo gente haciendo sanidad vegetal con químicos, sino que libero insectos y reproduzco hongos, entonces depende del estado en que esté el parásito se usa uno o el otro, siempre hay algo que controla lo malo.

S.S.: ¿Y el balance para ustedes?

M.J.D.: Es bueno. Los primeros años fueron muy fuertes porque transformamos mil hectáreas de palma a orgánico, ahora el conocimiento de lo orgánico es mucho; hace 20 años parecía brujería y no había insumos y hoy en Internet se encuentra un montón, en ese entonces nos tocaba entender el conocimiento que se recuperó de hace 60 años cuando les tocaba hacerlo así. Es como irse otra vez en el tiempo, pero a gran escala porque la agricultura orgánica nace como pequeño productor y las primeras empresas fueron las nuestras, la producción se nos bajó 30% porque no usábamos fertilizantes químicos.

S.S.: ¿Eso lo desanimó?

M.J.D.: Afortunadamente al año siguiente se vendieron 400 toneladas al doble de lo que valía la otra, entonces con el incentivo y esa visión de exportar continuamos; el grupo ha vendido a la fecha 25.000 toneladas de aceite.

S.S.: ¿Hoy?

M.J.D.: Con mucha satisfacción podemos decir que hemos logrado unos índices de producción muy razonables; aunque no usamos fertilizantes agroquímicos, hacemos 1.500 toneladas mensuales de compost, subproducto de la industria que se reincorpora al suelo. La filosofía es cerrar el círculo dentro de la producción, que es lo contrario a lo que ha pasado con la humanidad y el consumo, la teoría del consumo es lineal, en esto no, aquí somos un círculo. Todo se usa, tenemos la ganadería que produce la boñiga y la mezclamos con el compost; la filosofía no era tener la carne ni la leche, sino la boñiga.

La sostenibilidad vale más como inversión inicial, pero a la larga es mucho mejor, pues un suelo al que se le echan químicos llega un momento en que se daña, y el mío cada año es mejor.

“La filosofía es cerrar el círculo dentro de la producción, que es lo contrario a lo que ha pasado con la humanidad y el consumo”

S.S.: ¿Cuáles son los limitantes de la agricultura orgánica?

M.J.D.: Que es excluyente. Porque no se hace donde se quiere, sino donde se puede, y no todo el mundo puede consumirla porque es más costosa.

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